Surgencia de “La Cuivuca” Localización: La Cuivuca se sitúa en el término
municipal de San Roque de Río Miera. Se accede a ella bajando el puerto de Lunada y pasando el
pueblo de La Concha por el primer camino asfaltado hacia la izquierda,
este se distingue fácilmente por tener en su comienzo una señal de prohibido
el paso de vehículos de mas de 10 toneladas. Seguimos el camino y pasamos
una cabaña a la derecha y otras dos a nuestra izquierda y en la curva
anterior a la tercera dejamos el coche y
seguimos una senda a la derecha muy poco marcada que nos leva
a una vaguada que cruzamos, y continuamos hasta la siguiente, al final
de la cual encontramos la boca de la cueva, debajo de tres grandes árboles. La aproximación desde el coche se hace en aproximadamente
20 minutos. Situación:
Coordenadas UTM: Y: 4783779
.......Z: 760 Descripción:
La Cuivuca tiene un desarrollo
total de 798 m. y un desnivel de + 61,7 m. Se caracteriza por ser una cueva especialmente resbaladiza
debido al agua y los depósitos de arcilla sobre la roca. Son abundantes las formaciones litogénicas,
en especial en el último tramo de la cueva. El recorrido se realiza en sentido ascendente, siguiendo
la dirección opuesta de la pequeña corriente de agua que se forma en
la cueva y cuyo caudal varía en función de la época fluvial y de la
zona en que se encuentre. En los lugares en los que el caudal es más abundante, se
aprecia un color negro intenso en el suelo debido al depósito de bióxido
de manganeso. Por lo general el techo y el suelo siguen direcciones paralelas,
siguiendo la inclinación de los estratos, bien apreciables en las paredes
de algunas partes de la cueva. El buzamiento está en torno a los 22º. Los techos son de color claro y en las paredes se aprecia
una exfoliación considerable de roca calcarenita,
propia de la zona del Pas. Llegamos hasta otra pequeña marmita que cruzamos por donde
cubre menos. Poco después a mano derecha, hay una sala de pequeñas dimensiones
donde son muy abundantes las formaciones litogénicas. A partir de este punto la configuración de la cueva empieza
a cambiar, pasando de túnel a tubo, siendo el caudal del río prácticamente
inexistente debido a filtraciones en zonas posteriores. Al final de este sector el techo baja y se pasa por una
gatera amplia en la que el suelo está especialmente embarrado y llegamos
al cruce de galerías, donde el techo es bastante
alto en relación con el resto de la cueva. La entrada a la cueva se realiza por una grieta vertical
en la roca, topándonos inmediatamente con una pequeña marmita. Subimos
una rampa y girando a la izquierda nos adentramos en una zona de bloques.
Más adelante, encontramos otra marmita de profundidad considerable,
cuyo paso se realiza por la pared izquierda, ayudándonos con un
pasamanos instalado y llegamos a una rampa muy resbaladiza. Continuamos por la galería en forma de túnel siguiendo el
caudal del río y aparece una cascada que surge del techo con abundante
caudal. En esta zona aparecen algunas estalactitas y macarrones. La galería que parte de frente es un laminador, llamado
“la filtradora”, cuya entrada es un tubo en la pared, no demasiado alto
y con numerosos macarrones. Su recorrido resulta engorroso por la abundancia de agua. La otra galería parte hacia la derecha reduciendo considerablemente
las dimensiones según salimos del cruce, obligando a tener cuidado con los macarrones que encontramos
en los pasos estrechos. Pasada una zona con formaciones la galería se amplía, discurriendo
el río por el lado izquierdo y por el lado derecho el suelo asciende
en capas, observándose en la parte superior arenisca fina y seca y que
marca los niveles a los que llega el agua en época de crecidas. Las paredes en esta zona son de arenisca en la parte superior,
en la inferior roca escarpada. En la exploración seguimos encontrando varias marmitas de
pasos sencillos, en los que no conviene agarrarse a la roca con las
manos porque se desprenden bloques grandes con facilidad. Pasamos a
continuación a una galería en pendiente ascendente más ancha, en la
que el suelo es muy liso y el agua se expande por el suelo, dando lugar
a una superficie muy resbaladiza. La progresión es aconsejable realizarla
ayudándose de la cuerda instalada en fijo. A la izquierda de esta rampa
encontramos unas bonitas columnas. Superada la rampa llegamos a una bifurcación. Se hace un
recorrido por una galería con conexión con otra más pequeña en gatera.
Ambas finalizan en pasos impenetrables. Inmediatamente después de la bifurcación hay una zona de
grandes bloques bastante inestables, que terminan formando una colina
dentro de la cueva. Aquí es donde la cavidad alcanza mayores alturas,
en torno a los 12 m. y vemos circular una corriente de agua casi pegada
a la pared izquierda. Bajando el caos de bloques a la derecha, encontramos una
franja de macarrones y pequeñas estalactitas. Del lateral más derecho
en sentido de la marcha, se accede a un ramal de muy corto recorrido
con una chimenea ciega, donde encontramos un “eslizón” que probablemente
cayó por alguna grieta. Lo que nos indica la cercanía de la superficie
en este lugar. Si el descenso de bloques lo hacemos por el lado izquierdo,
seguiremos por la galería principal y daremos con un techo bajo adornado
de concreciones diversas. De nuevo la cueva toma dimensiones considerables y por la
parte donde discurre el río, llegamos a un paso muy bajo con agua en
el suelo, que nos obliga a mojarnos, pero que nos sitúa en la sala final.
En este lugar, descubrimos dos lugares con claras filtraciones de óxido
de hierro que dan un color naranja a la roca. Si ascendemos por la zona clástica, podremos acceder también
a la sala final superando un entramado de bloques que nos obligan a
reptar. En la parte izquierda de la sala donde acaba la cueva, hay
una chimenea que no prospera en la exploración y en la derecha, veremos
gran cantidad de concreciones de singular belleza. Sobre todo, teniendo
en cuenta, que esta es la única cavidad de las exploradas hasta ahora
en la Vega del Pas con tal profusión de formaciones litogénicas. El curso del río sigue algunos metros más, por un paso muy
estrecho que nos obliga a mojarnos y que acaba sifonándose
en un paso impenetrable. Es en este corto recorrido, es donde vemos nuevamente el óxido de hierro mezclado con diversidad de concreciones. |